TEMBLOR

No se como es que de repente vivo en una ciudad sitiada por el pánico donde toodo esta cerrado, no hay gente en la calle, los niños no van a colegio, los partidos de fútbol se juegan sin publico, no se da misa, los diputados no sesionan, no se puede salir ni entrar de la ciudad, nadie habla de otra cosa y no pasa nada que no sea esto.
todo es una pesadilla inducida, un delirio al natu.
estamos encerrados. ni aeropuertos ni nada. en el super se acabo el atún en lata. los barbijos ya no se consiguen.
la realidad en modo sashimi: crusdisima.

y yo... patino de la mano de oliverio por la avenida casi central, la ciudad es nuestra, todita, vacía, el cielo como jamas lo vi de tan limpido.
me parece que somos demasiado lindos pero eso no significa nada.
desde los autos la gente nos grita que estamos locos, yo me levanto el vestidito y les muestro el culo.
vamos rapido, paramos a comprar agua y al wey del kiosco no le entra en la cabeza que prenscindamos del tapaboca de rigor. le sacamos la lengua y nos besamos como si, en serio, fuera el fin del mundo.
me siento tan tonta que puedo jurar que tengo fiebre pero es solo una contentura irreprimible.
estoy fascinada, me siento como si hubiese fumado aun mas porro, el patina increíble, compramos mascaras de luchador, nos reímos, nos hacemos cosquillas y la misma ciudad que de repente prohibe todo es a la vez una oportunidad para todo.

se hace de noche, no hay lugar abierto donde cenar, mi cama esta buena para fumar otro porro y comer helados del seven, no me alcanza eso que te permite resistirte a las cosquillas y acto seguido se me pudre todo, pero cañón, con mi héroe del whisky.
mejor no hablar de ciertas cosas.
pensar que fue con el que hace tres noches discutiamos acerca de lo inconveniente de todo lo demasiado explicito.
ahora me quiero morir de tristeza y no de epidemia por culpa de que yo tengo la culpa de que mi fantasía favorita me mando a la chingada y lo que le sigue.

por momentos estoy eufórica. hay ratos que imagino ir a buscarlo, llorar, patalear y arrancarme los pelos enfrente de el.

quiero borrar, editar o algo asi.
necesito que desaparezca de mi memoria la terrorífica ultima secuencia con el héroe, oliverio y la afiebrada.
tres son multitud.
no se puede y lo de la edición, tampoco.
lo que paso es un hecho y estoy trastornada por la bronca.

marie elodie tambien esta atacadisima, victima de la paranoia colectiva, limpia todo el día, usa cubre bocas, mascara, guantes y además me da discursos hiper densos y moralistas acerca de los últimos acontecimientos con el que es su ahorita su nuevo mejor amigo y antes supo ser mi héroe del whisky.
quiero que se calle, odio que me juzgue. me molesta cuando no alcanza la amistad para saber guardar un silencio comprensivo aunque todo.

siento que nadie me entiende realmente, que no puedo compartir mi equis porque al mundo solo le importa una pinche epidemia de mentirita... y le vale madre que la mala de una película chafa se joda bien jodida.
asi debe ser. no?

oliverio me regalo zapatillas de ballet rosadas y ahora me quiere llevar a la playa.

a mi me entran ganas de asfixiarlo con una almohada, de echarle la culpa de que me quede sin héroe, de meterle sus sobornos en el culo y borrarle de su carita pálida esa sonrisa perenne que le provoco, como si por mi, pudiese olvidar su natal paris.

mientras... patino a su lado, me abrazo a su cuerpo de noche para no pensar y me voy a ir a la playa con el para ahí cavar un pozo bien profundo y enterrarme viva entre los cangrejos. o tal vez intente visitar África nadando con bolsas de frijoles atadas a los tobillos.

la otra opción es aprovechar lo oportuno de la invitacion para reafirmar el bronceado, nadar y comer ceviche.
puedo jugar a la luna de miel por jugar nomas, por no darle descanso a la bikini, por no encontrarme conmigo sola en mi cama y que sea terrible.

creo que tengo miedo. miedo de mi. porque si.

estoy perdida en un país perdido.