A quien le pertenece lo que dimos? no quiero clavarme en nada, no es ese el punto aunque ya se que puede confundirse el revolver entre letras viejas porque si... con la equis enorme de seguir dándole vueltas al pasado.
como casi siempre, no se la razón pero tengo la excusa: estoy jodidamente enamorada de la palabra escrita.
cuando no me reconozco y me harto de los paseos rumbo a nada por mi departamento, me busco en lo que escribo, en lo que escribí o en lo que me escribieron.
como si ahí pudiese esconderme un rato de mi perdición mental, para perderme en cualquier otro lado...
y aparezco yo hace mil años o hace no tanto, explicando lo inexplicable o lo que es ya sabido, encuentro dudas entre raptos de esperanza y de repente me descubro entretenida por palabras que no tienen otro sentido mas que el de haberlas sentido alguna vez.
generalmente me conformo con eso pero hoy, me interpela saber si me pertenecen realmente las letras que otros escribieron para mi.
hay algunas que no puedo considerar regalos y mas bien me veo cuidándolas nomas, callándolas ahora que no tienen nada que ver con el presente y casi que con nada tampoco, la vigencia es autoritaria hasta en eso.
me da una especie de culpa el guardarlas porque no son mías, le pertenecen al que las escribió, son parte de su patrimonio, cuentan su vida... y son hermosas.
estoy convencida del valor y la utilidad de lo que escribimos cuando no pensamos en lo valioso ni en lo útil y escribimos al natu.
serviría devolverlas?
deberia hacerlo?
me gustan porque me dan cuenta del tiempo, de las cosas que pasaron y de como cambiaron esos tiempos y esas cosas sin que influyera demasiado todo lo que yo hice para que eso mismo se diera vuelta a mi manera.
solo fue, finalmente, lo que tenia que ser.
acá quedan entonces tantas palabras porque además de las mías, las de otros.
y entre un montón de recuerdos y fantasías escritas, también esa sensacion de destrozo, de perdida, de desvanecimiento de eso ajeno que fue mio alguna vez.
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